Lívidos
de
Víctor Conde y Raúl Silvestre
¡Una
terrorífica historia de fantasmas!
El propietario de la mansión le había hablado a Lorenzo de la otra
familia, la que compartiría el alquiler con él durante todo el invierno.
Le dijo que no le molestarían, que podría encerrarse a escribir su
novela con toda tranquilidad. Pero había una norma que debía respetar a
toda costa: jamás debía cruzarse con ellos.
La familia llegaría cada noche, alrededor de las doce, y se marcharía
antes del amanecer.
Y Lorenzo jamás debía hablarles, ni siquiera ir a la misma ala de la
mansión que ellos ocupaban…
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